jueves, 2 de octubre de 2008

¿Será hoy?

Llegué como cada día a casa tras una ardua jornada de trabajo. El trabajo, igual que siempre: presión, estrés, gritos y mucha rabia contenida. En el buzón, una nueva carta de Clara pidiéndome disculpas, que si ya no podía seguir así, que si bla bla. La arrugué como las dos anteriores sin dignarme a terminar de leerla. Esta vez sólo me habían hecho falta treinta y cinco minutos para aparcar, si a les sumamos los veinticinco de la ida, hacen una horita justa. Los he tenido peores, pero sigo llegando a casa con la camisa empapada por la espalda y la sensación de que se me va la vida por fascículos de veinticuatro horas.
El apartamento me recibe vacío y con falta de limpieza. El silencio me saluda con una palmadita sarcástica en la espalda. Pongo a hacer un café y la mirada se me pierde en el pavimento de gres barato mientras espero el consabido borboteo. Otros cinco minutillos perdidos, dispersos en la corriente imparable del tiempo.
Me sirvo el café sólo y fuerte. Con él me acerco al balcón a observar el mundo desde mi sexto piso. Todos corren y miles de preguntas se agolpan en mi cerebro. ¿A dónde va toda esa gente? ¿Les espera alguien en casa o llegan a un piso vacío y sucio como el mío? ¿Serán sus vidas tan anodinas como la mía? ¿Será hoy el día que me decida a saltar? ¿Cómo quedará mi cuerpo tras el impacto? ¿Será hoy ese día en el que por fin me atreva?
¿Será hoy?...

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