miércoles, 27 de agosto de 2008

Recopilatorio Abretelibro 2007


El foro ¡¡Abretelibro!! ha vuelto a destacarse con una gran idea. En vista de la gran afluencia de seguidores que está adquiriendo y de la presencia de aficinados (y no tan aficionados) al asunto de escribir, ha decidido publicar un recopilatorio con lo mejor que ha pasado por sus hilos durante el 2007 y 2006. Se han incluído todo tipo de cosas, como poemas, relatos, cuentos, hilos curiosos...También los relatos ganadores de los últimos concursos llevados a cabo. Entre los publicados, hay un cuento de terror del conocido autor Ralph Barby, que lo ha cedido muy amablemente demostrando una vez más su implicación con el foro.
Yo, por la parte que me toca, he publicado un poema titulado Sin luz. Os invito a todos a comprar el libro, pues estoy seguro de que nadie se arrepentirá. Por supuesto, la publicación se ha hecho a través de lulu.com y 5€ del precio irán a parar a una ONG (Intermón o Don Bosco)

El libro lo podréis encontrar, junto con otros también publicados por el foro en:

http://stores.lulu.com/abretelibro

y más información en: http://www.abretelibro.com/foro/viewtopic.php?t=27557

lunes, 25 de agosto de 2008

Luces del Norte

Luces del Norte es la primera parte de la Trilogía de la Materia Oscura del escritor inglés Philip Pullman.
La novela narra las aventuras de Lyra Belaqua en su viaje a las tierras del norte en busca de su tío, Lord Asriel, un explorador que puede estar a punto de hacer el mayor descubrimiento de la historia de la humanidad. Para ello contará con la ayuda de su aletiómetro, un aparato similar a una brújula (de ahí el título que se le dio a la versión cinematográfica: La Brújula Dorada) y cuya función es decir siempre la verdad. Lyra es la única capaz de entender su complicado funcionamiento sin la necesidad de complicados libros para leer los símbolos.
También le ayudarán en su viaje los giptanos, un grupo de valientes decididos a rescatar a sus hijos, secuestrados por un grupo de personas que piensan usarlos para un experimento que puede acabar para siempre con sus almas y dejarlos convertidos en cascarones vacíos.
Luces del Norte se desarrolla en una ciudad de Londres de un mundo alternativo, muy parecido aunque diferente del nuestro. Y es que ese es el trasfondo de la historia: existen otros mundos similares a este y es posible encontrar la forma de viajar de unos a otros, pero... ¿a qué precio?
Philip Pullman consigue una novela juvenil pero con maneras adultas (hay escenas bastante crudas) en el que se tratan temas delicados siempre desde el punto de vista de una niña espabilada y algo listilla, que no termina de entender muy bien qué está pasando a su alrededor. Es una lectura ágil y sencilla, con un lenguaje directo muy apropiado para el público juvenil hacia el que está dirigida. Es un libro que se disfruta de principio a fin.
La trilogía se completa con La Daga y El catalejo lacado.

lunes, 11 de agosto de 2008

El arte de CdHyF


Enrique Corominas, autor de las portadas de la edición española de la aclamada saga de literatura fantásticas Canción de Hielo y Fuego y creada por George R.R. Martin (Gigamesh), acaba de sacar a la venta un libro con ilustraciones relacionadas con dicha saga. No sólo las portadas, sino personajes, situaciones y ambientaciones.
Como él mismo ha comentado en el foro ¡¡Abretelibro!!, se pretendía que el libro fuera completo en cuatro aspectos:

a) Un homenaje al mundo de Canción: por eso está dividido en capítulos temáticos y apoyados en su textos correspondiente (La bio de Martin, los personajes, los lugares, los dragones...)
b) Una humilde guía para los seguidores de la saga: ahí están los mapas más actualizados y los escudos de las casas.
c) Un reflejo del impacto mediático que ha tenido la saga, en la propia editorial y en el mundo friki en general.
d) Una visión más amplia y "desde aquí" del mundo de Canción, a través de la colaboración de otros ilustradores.

Con este libro se consigue dar una dimensión más amplia al fenómeno de Martin, que ya de por sí es enorme en España, apoyando con imágenes de gran calidad las palabras con las que el creador de los Siete Reinos tiene fascinado a medio mundo.

Editorial:Gigamesh
Libro de ilustraciones, papel estucado mate 150 g,
más de 100 imágenes a color, tamaño 21,0 x 29,7 cm
ISBN: 978-84-96208-66-7
96 págs.
PVP: 24,95 €
Fecha: 18/07/2008


domingo, 6 de julio de 2008

Segunda novela...

Cuando todavía La sombra de Pranthas anda por ahí de paseo a la espera de que algún editor tenga a bien editarla, ya me he puesto al tajo con otra novela, que todavía no tiene título definitivo pero que tendrá también como protagonista al hechicero Árgoht. Esta novela será más compleja y posiblemente más larga que la anterior, y espero poder volcar en ella todo lo que he aprendido durante la redacción de LSdP. Para ir abriendo boca, os dejo un fragmento de ella. Aún no he decidido si será el prólogo o el primer capítulo...Aviso que aún no ha sido revisado, así que está casi puro, sin pulir. De entrada, pido disculpas por los posibles errores.

Ahí va:

El sol ya brillaba entre los pliegues de las gruesas cortinas del dormitorio cuando Renak abrió los ojos al nuevo día. Permaneció en la cama aún un rato más, disfrutando de la sensación de aturdimiento que se iba desvaneciendo mientras la consciencia ocupaba su sitio. Por fin, se desperezó y se sentó en la cama cuyas sábanas de seda estaban esparcidas por el suelo. Había sido una noche movida. Se levantó y comenzó el ritual de todos los días. Se aseó en la jofaina con agua fresca que descansaba junto a la cómoda, se vistió con unos pantalones de seda marrón y una túnica corta también de seda, pero de color gris. Se echó al cuello una ligera capa y salió a los pasillos.
El sótano estaba tan fresco como siempre y tan oscuro como a él le gustaba. Era una sensación muy curiosa, una gran contradicción vital, que fuera luciera un sol espléndido mientras allí se cernía la más negra de las noches. Y era en ese lugar donde más a gusto se encontraba, entre sombras apenas horadadas por la luz de las antorchas imprescindibles para poder ver. A veces, las apagaba todas para quedarse a oscuras, quieto en su gastado sillón escuchando el silencio que tanto le gustaba. El resto del castillo le resultaba con frecuencia demasiado ruidoso. Prefería estar allí, entre sus libros, sus estudios y sus amigos de verdad.
Como cada día, se sentó en su escritorio y acercó una vela al enorme libro que tenía delante. Estaba encuadernado con unas espléndidas tapas de piel natural, aunque él no sabría decir a qué animal habían pertenecido. Sus páginas de color marfil tenían la textura y el olor del papel recién escrito. Era un gran placer sentarse allí y mirarlo, simplemente, antes de abrirlo y consultarlo una vez más. Podía pasarse horas así, mirando sólo las tapas, pero hoy tenía otras cuestiones que atender y no podía entretenerse mucho, por más que quisiera haber relegado todas sus obligaciones con tal de poder quedarse todo el tiempo que quisiera.
Con exquisito cuidado, abrió el libro. Sería como cada día: echaría un vistazo, comprobaría que todo estaba como debía estar y volvería a su vida, hasta olvidaría que el libro existía hasta el día siguiente. En ocasiones, no tenía oportunidad de bajar. Esos días, el tiempo transcurría a paso lento, como si se arrastrara. Era una agonía constante que sólo se aliviaba cuando por fin podía acudir allí y abrir su libro.
Pasó algunas páginas, muy despacio, disfrutando del momento, mientras buscaba lo que necesitaba y, cuando por fin lo encontró, el corazón estuvo a punto de salírsele del pecho. Se puso en pie de un salto, tirando la silla de madera negra, con los ojos desorbitados mientras cerraba el grueso tomo de un manotazo.
¿Había sido real, o se lo había imaginado? No, el libro no mentía. Volver a abrirlo era un riesgo inútil, la información sería la misma. Renak, sintió una gota de sudor recorrerle la columna vertebral bajo los caros ropajes mientras un escalofrío le erizaba el vello de los brazos.
Salió corriendo de su estudio como si la mismísima muerte lo estuviera persiguiendo.

Un buen rato más tarde, aún con el miedo en el cuerpo, Renak recorría las calles de Quindarst escondiéndose en cada esquina para comprobar que nadie lo seguía ni reconocía su rostro. Se había cambiado de ropa, vistiéndose con una camisola gastada y unos pantalones de cuero viejos que usaba para viajar y que terminaban en el interior de unas botas más usadas aún. Se cubría el rostro con la capucha de una gruesa capa de piel que dejaba en sombras sus facciones. Estaba casi seguro de que nadie lo reconocería, pero aún así prefería no arriesgarse.
Tuvo que caminar un buen rato hasta que salió del Barrio de la Esperanza, el pomposo y estúpido nombre que le habían puesto a la zona que albergaba el castillo y los jardines reales, hasta llegar a otra zona con un nombre más propio: La Mugre. Con este nombre se englobaba a una parte bastante amplia de la ciudad y su nombre era de lo más adecuado, pues las ratas y el moho eran los gobernantes absolutos.
No conocía demasiado bien La Mugre, pero se movía por sus calles con solvencia y la confianza de quien sabe a donde va. Por el camino se cruzó con todo tipo de gente: vendedores de baratijas, viejas y sucias, mendigos, prostitutas, borrachos tirados por el suelo…Y aún era temprano. El verdadero movimiento comenzaría al caer el sol.
Nadie reparó en él, luego sus precauciones eran inútiles. Aún así, no podía dejar de mirar a todas partes, sabedor de que su presencia allí sería discutida. Por fin, llegó a su destino y se detuvo ante una vieja casa de madera que parecía estar a punto de dejarse llevar por la llamada de la tierra. De hecho, sólo se mantenía en pie porque las casas de los laterales, más fuertes y modernas, la mantenían erguida.
Renak tocó suavemente con los nudillos y la puerta se abrió sola, puesto que ninguna cerradura la mantenía fija. Dentro, la oscuridad era casi total, a pesar de ser plena mañana. La estancia no tenía ventanas y la única fuente de luz era la producida por una pequeña estufa alimentada con leña. Un tubo medio podrido extraía el humo y le daba salida al exterior a través de un agujero en el techo. La casa era apenas un cuartucho que parecía haber sido invadido por la mugre que le daba nombre al resto del barrio. Renak prefería no tocar nada ni investigar lo que quedaba fuera de la pequeña zona iluminada. Lo que le interesaba estaba justo ante él. Recortada contra la luz de la estufa, una mecedora se balanceaba lentamente, sin hacer ruido alguno. No se distinguía ningún detalle, ni del mueble ni de la persona que se sentaba en ella, de espaldas a la puerta.
- ¿Qué haces aquí? – la voz era aguda y rota, como si la generase una garganta poco acostumbrada a hablar. Renak creía poder oler el hedor de su aliento desdentado desde allí, a varios metros de distancia, pero no estaba seguro de que no fuera un engaño de sus sentidos fruto de la repugnancia que le producía aquel lugar – Te arriesgas mucho viniendo aquí. Ya no recuerdo cuando fue la última vez.
- Eso no importa – dijo el hombre -. Ahora necesito tu ayuda.
Hubo un rato de denso silencio antes de que la mujer volviera a hablar.
- Sabes cuál es el precio.
Renak sacó una bolsa tintineante y la arrojó a los pies de la mecedora. Al caer se abrió y, a la luz de la llama, brillaron al esparcirse por el suelo un puñado de monedas de plata.
Con extrema lentitud, la mujer se agachó para recoger una por una las monedas y volver a meterlas en el saco. El hombre pudo ver las manos de una anciana, de piel arrugada y oscuras venas que sobresalían como peñascos. Las uñas, largas y rotas, arañaban el suelo de madera podrida.
- Bien – dijo girando poco a poco la mecedora hasta situarse frente a su visitante -, ¿para qué podrías necesitar la ayuda de la vieja Krega esta vez?
La mujer estaba aún más envejecida que la última ocasión que la había visto. Su piel parecía papel mojado, arrugado y pálido, que dejaba entrever todas sus venas. Casi podía verse la sangre palpitando a través de ellas. Su sonrisa era una cueva oscura de la cual los dientes habían desaparecido a saber cuántos años atrás. El pelo era apenas una mata de hilos blancos desperdigados por el cuero cabelludo.
Vestía una capa polvorienta y llena de parches, tan vieja como su dueña.
- Necesito que mires en tu…bola – Renak no podía evitar sentirse nervioso ante aquella mujer, a pesar de todo.
- ¿No consigues ayuda de tu…amigo? – el tono de la vieja estaba rozando la burla.
- Esto no puedo pedírselo a él, no confío en su discreción.
- ¿En la mía sí?
Renak prefirió no contestar la pregunta capciosa.
- Hazlo – dijo él en un tono más duro.
- Vaya, el guapetón viene con energías hoy – se burló la vieja. A pesar de ello, comenzó a levantarse muy lentamente. Renak tuvo la sensación de estar observando a un árbol mientras crecía. Parecía que nunca iba terminar de ponerse en pie y, aún cuando consiguió sostenerse, apoyada en un bastón de madera basta, su espalda permaneció arqueada de tal forma que no podía erguirse del todo. Renak no sabría decir si le inspiraba más asco, desprecio o pena. El tiempo parecía haberse detenido en aquel antro cuando por fin la mujer llegó a su destino. De un pequeño mueble sacó una masa de trapos que envolvía un objeto del tamaño de un melón mediano. Con él en la mano y con otro largo periplo, volvió a su mecedora y se sentó con un suspiro de cansancio.
- ¿Qué necesitas ver, exactamente?
El hombre relató a la anciana lo que había ocurrido esa misma mañana. Un nuevo latigazo de temor recorrió su espalda, poniendo todos sus nervios de punta.
- Así que el Libro te ha hablado y no te ha gustado lo que te ha dicho, jeje.
La risa de Krega era como papel de lija rozando un bloque de granito. Entonces, puso las dos manos sobre el amasijo de trapos y comenzó a tirar de varias puntas con exquisito cuidado. A pesar del aspecto y de los años que debía tener, su pulso era firme y sereno como el de una jovenzuela. En unos minutos quedó a la vista lo que escondían aquellas sucias telas. Sobre su regazo reposaba una perfecta bola de cristal, negra como la noche y sin brillo alguno. Más que reflejar la escasa luz, parecía absorberla.
La mujer posó de nuevo las manos sobre la bola y la acarició con cariño mientras una sonrisa boba se le dibujaba en el rostro y una gota de saliva se escapa de ella para ir a caer entre los trapos y perderse para siempre.
En un segundo, la bola cambió. Un punto de luz apareció en el centro, en lo que parecía ser muy al fondo, difuso y apenas perceptible. Pero enseguida el resplandor creció y poco a poco se fue extendiendo por todo el volumen de la bola hasta congregarse en torno a las palmas de las manos de la anciana apoyadas sobre su parte superior. Cuando el resplandor hubo ocupado en efecto toda la bola, Krega lanzó un breve gemido y sus ojos se pusieron en blanco. A pesar de eso, miraba el objeto con tal intensidad que parecía querer comprender todos los misterios del Thera sólo mirándolo. Renak, sin embargo, no veía nada. El resplandor fluctuaba como si una densa niebla estuviera contenida en el interior de la esfera, pero sus ojos no distinguían nada en ella. Si la mujer estaba observando algo, a él no se le mostraba y su inquietud crecía a medida que pasaba el tiempo y Krega no despegaba sus manos. Seguía allí clavado, de pie, sin atreverse a moverse ni hablar por miedo a romper el trance.
De pronto la mujer comenzó a agitarse. Empezó con un breve fruncimiento de la frente, como si estuviera viendo algo que no podía entender. Sus manos, hasta ese momento apoyadas relajadamente sobre el cristal, se crisparon resaltando aún más sus venas oscuras. Entonces, de pronto, la vieja lanzó un grito y soltó la bola, que cayó al suelo con un golpe seco y se quedó allí, quieta, sin rodar en ninguna dirección. El cuerpo de Krega comenzó a convulsionarse y apoyó la espalda bruscamente en el respaldo del sillón. Sus ojos seguían con la mirada perdida.
Renak se asustó, pero no por la salud de la mujer, sino por el temor de que muriera sin decirle lo que había visto. Superando su repugnancia, apoyó las manos sobre sus hombros para intentar detener las convulsiones.
- ¡Krega! ¡Reacciona! – el hombre la sacudió con más fuerza de la que esperaba, pero no obtuvo reacción. La mujer parecía estar a muchos kilómetros de allí.
Volvió a sacudirla, golpeando su espalda contra el sillón. Tan frágil era la mujer que con sus manos Renak sólo sintió huesos bajo la piel. Parecía no tener músculos y temió romperle el cuello con las sacudidas.
Por fin, Krega reaccionó. Sus iris y pupilas volvieron a su sitio y las convulsiones remitieron. La respiración de la mujer se fue tranquilizando poco a poco y Renak la soltó con alivio de poder quitar sus manos de aquellos hombros que parecían sostenerse en un cuerpo muerto.
- Krega, ¿me oyes? ¿Qué has visto?
La mujer tardó tanto en responder que el hombre pensó que se había ido para siempre. Pero de pronto sus manos comenzaron a temblar y su ojos a moverse en todas direcciones. Renak temió que hubiera perdido la razón.
- ¿Qué has visto? – volvió a preguntar ansioso.
Esta vez Krega respondió con un hilo de voz apenas perceptible.
- Un hombre. Un poder inconcebible.
Entonces la vieja recuperó la cordura y miró a su visitante con mirada decidida. Pero además de decisión, en sus ojos había un profundo miedo.
- He visto unos ojos color violeta…y ellos me han visto a mí.


miércoles, 18 de junio de 2008

Concurso de Relatos de Otoño ¡¡Abretelibro!!

Como cada año, el foro ¡¡Abretelibro!! convoca el Concurso de Relatos de Otoño. Ahora mismo se encuentra abierta la encuesta destinada a decidir el género en el que se enmarcarán los relatos del concurso. Se puede acceder a ella desde el enlace http://www.abretelibro.com/foro/viewtopic.php?t=25983.
El concurso se realiza sin ánimo de lucro y sin posibilidad de otorgar otro premio que no sea la publicación de los relatos participantes en un recopilatorio, dado que el foro no cuenta con ingresos de ningún tipo y sólo se mantiene gracias al esfuerzo desinteresado de sus administradores. Aunque aún no se ha establecido el jurado ni la fecha de presentación de relatos, el concurso está en marcha.
A pesar de no tener premio alguno, yo invito a todos aquellos que disfruten escribiendo a que se animen a participar, pues es una oportunidad de ser leído y comentado en un ambiente abierto, distendido y ameno en el que no se critica con ferocidad y se elogia con cariño.
Si tienes cuatro palabras escritas, anímate a participar. ¡Seguro que no te arrepientes!

jueves, 5 de junio de 2008

Equipaje de mano, Santiago Gil



Equipaje de mano nos propone una invitación a la lectura con todas sus consecuencias y todos sus efectos secundarios.

Así comienza la sinopsis de este libro de Santiago Gil, autor de la más reciente y ya comentada Cómo ganarse la vida con la literatura. Es un libro de aforismos y microrrelatos de toda índole. Cada uno es como un dardo directo al cerebro, al intelecto. Con ellos, el autor describe el mundo que nos rodea con cuatro pinceladas certeras.
Es un libro sin grandes ambiciones y más parece una conversación con el autor que una obra literaria. Rápido de leer, directo, franco... Una buena lectura para disfrutar a sorbitos cortos, para tenerlo sobre la mesita de noche y leer una página al día. Lectura para relajarse de los quehaceres diarios, como un buen libro de poemas.
Por cierto, la editorial es Anroart, y cuesta unos diez eurillos. Más asequible imposible.

viernes, 30 de mayo de 2008

Los libros de... Alexis Ravelo


Ayer tuvo lugar en el salón de actos de la Biblioteca Insular de G.C. un encuentro con el escritor grancanario Alexis Ravelo. El acto tuvo lugar enmarcado en el Plan de Fomento de la Lectura que ha puesto en marcha el Cabildo de Gran Canaria.
La fecha inoportuna, pues coincidió con el comienzo del puento con motivo del Día de Canarias, motivó que la asistencia de público fuera más bien escasa. Pero lo que a priori parecía un inconveniente, para los asistentes se convirtió en una satisfacción, pues lo que iba a ser una conferencia seria, con sus micrófonos, presentación en powerpoint y vasos de agua, se convirtió en una amena charla entre amigos que nos permitió conocer al autor de escaleritas de una forma más cercana y familiar. Después de una escueta presentación por parte de uno de los organizadores del evento, Juan Alberto Hernández, Ravelo se nos mostró tal cual es: sencillo, cercano, alegre y muy conocedor de su oficio de escritor (o de escribidor, como él dice, aunque que no llegó a tener ocasión de explicar el término). Demostró ser un tipo receptivo a la opinión de sus lectores, a establecer contacto directo y empaparse de la calle.
Durante la hora y pico que duró el encuentro, el autor repasó su carrera, sus varios libros publicados, entre los que se destacan Los tres funerales de Eladio Monroy y La noche de piedra, y el oficio en general, respondiendo amablemente a cuantas preguntas se le hacían. Y lanzó una noticia a todos sus seguidores: una nueva aventura de Eladio Monroy se está gestando... y está muy cerca.
Repasó la trascendencia del género de novela negra, en el cual se enmarcan sus dos novelas hasta ahora publicadas y en el que él se siente más cómodo. Además, hizo una defensa del uso de nuestra ciudad de Las Palmas como escenario para novelar, tan válido como ciudades más emblemáticas de Norteamérica o la Península.
Cuando hablas con Alexis te das cuenta de que para ser escritor no hay que ir de divo, no hay que sentar cátedra con cada palabra dicha. Se puede vivir de la literatura, se puede disfrutar escribiendo, se puede uno convertir en un personaje conocido, y seguir siendo el mismo hombre sencillo, humilde y buena persona en general.
Ahí van un par de fotos del evento:



miércoles, 21 de mayo de 2008

Feria del Libro Tenerife 2008


El próximo viernes día 23 de Mayo comienza en el Parque García Sanabria la XX Feria del Libro de esta isla, que este año cuenta con 5 casetas más que el año pasado para venta de libros, lo que sitúa el total en 35 por las 30 del año pasado.
Este año, los autores más destacados alumbraran la feria con su presencia son Jorge Bucay, Espido Freire y nuestro Alberto Vázquez-Figueroa, que ya estuvo presente en la Feria de Las Palmas y que nunca falla a este tipo de citas.
El objetivo de este año es aumentar el porcentaje de lectores en las islas, que ya es la tercera comunidad del estado en número de lectores con poco más del 60 por ciento.
Tanto lectores como no lectores, libreros y editores, tendrán que buscarse una buena excusa para no pasarse estos días por el García Sanabria. ¿Qué mejor que una tarde a la sombra de los árboles y eligiendo un buen libro, compartiendo opiniones o conociendo a algunos de los autores mencionados?

La feria se inaugurará el día 23 de mayo a las 12.00 horas y permanecerá abierta hasta el día uno de junio en horario de 11.00 a 14.00 horas y de 17.00-21.00.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Noticias Anroart Ediciones

Aquí os dejo el listado de presentaciones de libros que tiene previstas la editorial Anroart para las fechas próximas.

  • 16 mayo 19.00 horas. Club Prensa Canaria (Las Palmas de Gran Canaria). Presentación de Sietesitios queda lejos, de Víctor Ramírez.
  • 20 mayo 20.00 horas. Sala Ámbito Cultural (El Corte Inglés de Las Palmas de Gran Canaria). Presentación de El cabozo volador, de Joaquín Nieto Reguera, con ilustraciones de José Socorro.
  • 25 mayo 17.00 horas. Feria del Libro Santa Cruz de Tenerife (Parque García Sanabria). Presentación de El séptimo cielo, de Rosario Valcárcel.
  • 30 mayo 19.00 horas. Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife (Parque García Sanabria). Presentación de Con las manos en la musa, de José H. Chela.
  • 1 junio 13.00 horas. Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife (Parque García Sanabria). Presentación de La voz del olvido y Las isleñas en la América multicultural, de Teresa González Pérez.
  • 17 junio 20.00 horas. Auditorio de Teror. Presentación del libro Rancho de Ánimas de Teror-Arbejales.

lunes, 12 de mayo de 2008

Un encuentro afortunado

A la espera de que consiga publicar La Sombra de Pranthas, aquí os dejo un aperitivo. Es un pequeño relato con Árgoht Grandël, el protagonista de la novela, haciendo una breve pero intensa aparición. Con este relato, y otros que iré colgando más adelante, quiero ir dando a conocer el mundo de Thera en el que se desarrollan las aventuras del hechicero.
¡Espero que lo disfrutéis y que hagáis todos los comentarios que queráis!

Un encuentro afortunado

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